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El día de plantar una semilla de luna

Idioma de lecturaEspañol
Cuento original

El día de plantar una semilla de luna

Hay cosas que crecen aunque no se vean enseguida. Esperemos con Nara a una pequeña semilla.

SANYANGGAE

Un comienzo muy pequeño

La semilla de luna de esta historia es imaginaria. ¿Conocemos ese pequeño comienzo que brilla como la luz de la noche?

Luz en la palma

Una tarde, la abuela le dio a Nara una semilla de luna. La pequeña semilla brillaba suavemente en su palma. «¿En qué flor se convertirá?». Los ojos de Nara también brillaron.

El tiempo de la semilla

La abuela sonrió. «Dale tierra, sol y la cantidad adecuada de agua, y obsérvala. La semilla te avisará cuando vaya a brotar». Nara ahuecó las manos para proteger con cariño aquella lucecita.

Un nuevo hogar mullido

Al día siguiente, Nara aflojó suavemente la tierra en un rincón del patio y plantó la semilla. La regó un poco y puso una piedra redonda al lado para marcar el lugar. «Esta es tu nueva casa».

Hoy sigue igual

Por la mañana, al mediodía y al atardecer, Nara miró junto a la piedra. La tierra parecía igual que antes. Se arrodilló y susurró: «Semillita, ¿oyes mi voz?».

¿Y si le doy más agua?

Al día siguiente seguía sin verse ningún brote, así que Nara volvió a tomar la regadera. «¿Saldrá antes si le doy más agua?». Pero al tocar la tierra con la punta de los dedos, aún estaba húmeda.

El cuidado justo

Nara dejó la regadera. «En vez de darle cada vez más, debo mirar qué necesita ahora». Quería sacar la semilla para comprobarlo, pero la dejó bajo su manta de tierra.

Días tranquilos

Nara revisaba la tierra cada día y la regaba solo cuando estaba seca. A veces se sentaba a leer junto a la piedra. «Hoy he aprendido una palabra nueva. ¿Tú qué estás haciendo?».

Mientras no se ve

Por fuera todo estaba en calma, pero bajo la tierra se extendían pequeñas raíces. Nara no podía verlas. Aun así, cuidaba cada día aquel lugar para que la semilla creciera a gusto.

Un saludo verde

Una mañana, varios días después, había asomado un puntito verde junto a la piedra. Nara se sorprendió y acercó la cara. Dos pequeñas hojas se abrieron suavemente hacia ella.

Qué alegría después de esperar

«¡Hola, por fin nos conocemos!». Nara iba a aplaudir, pero juntó las manos con suavidad. Sonrió en silencio junto al brote para no hacerlo temblar. Fue un encuentro pequeño y enorme a la vez.

Un jardín donde florece la luna

Pasaron muchos días más y, una noche de luna llena, se abrió el capullo. Una luz suave se posó en cada pétalo. Parecía que un pedacito de luna había bajado al pequeño jardín de Nara.

Un corazón que también creció

Nara se sentó junto a la flor con su abuela. «Creía que no pasaba nada mientras esperaba». La abuela le tomó la mano. También el cariño con que Nara cuidaba había crecido durante ese tiempo.

Hablemos juntos

¿Qué observó Nara para cuidar la semilla? ¿Qué te gustaría cuidar esperando con paciencia? Habla del jardín que llevas en el corazón.

Guardemos esa lucecita

Terminó el cuento de la semilla de luna. El cambio que hoy no se ve quizá sea el pequeño saludo de mañana.

En lectura continua puedes ver el texto y las ilustraciones de todas las páginas en orden.

Cuento original · Paciencia y cuidado

Una semilla misteriosa llega a las manos de Nara. Aunque la tierra parece igual cada día, bajo ella crecen lentamente cambios que no se ven.